Aquí teneis esta versión del maravilloso primer movimiento de la K.379 de Mozart. Fijaos en el tranquilo y levemente interrogativo comienzo del piano donde se dibuja una sencilla frase que es repetida por el violin en el 0:40 desprendiendo una gran ternura y volviendose tan amplia en el minuto 1:08 para finalmente transformarse en lo que parece una bella y tierna confidencia.
En el 2:26 el canto se vuelve doloroso y se transforma en queja antes de que entre el allegro (3:30). Éste es quejumbrosamente interrogativo y en ocasiones (4:04) se convierte en una enérgica y casi cortante protesta.
En el desarrollo (5:47), las cosas empeoran. Tras la vuelta del tema primero del allegro, las cosas empiezan a ser desesperadas (7:00) y Mozart acude a recursos cada vez mas cortantes y disgregadores en las frases dejando entrever una más que indeseada soledad. El final quedará enérgicamente situado en ese estado no resuelto.
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